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HISTORIA DE Oliva de la Frontera
Es evidente que Oliva de la Frontera, comparada con ciudades de una historia más larga que la nuestra, tiene un número limitado de monumentos, edificios y lugares de interés y significación histórico-cultural. Sin embargo, es nuestro deber conservarlo. Más aún, debemos darlo a conocer a las nuevas generaciones y hacérselo recordar a los que lo tienen en el olvido, revalorizándolos, no sólo por su interés artístico o histórico, sino porque ellos son testimonio de nuestra historia y, como tales, pueden ayudar a definir nuestra identidad cultural
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Esta villa tuvo una relación muy conflictiva con el titular de la Casa de Feria, de tal forma que en la segunda mitad del siglo XVIII los conflictos afloraron con una extraordinaria virulencia.
Para encontrar las causas hemos de remontarnos al final del Medievo. En 1230 Alfonso IX de León, logró conquistar a los musulmanes en la zona de Jerez de los Caballeros, por lo que Oliva fue arrebatado a los árabes y quedó integrada a la Orden del Temple para que se encargase de fortificarla y defenderla. (Como reminiscencia de la etapa de gobierno de la Orden del Temple sobre el Baylío de Jerez, se ha seguido la tradicional costumbre según la cual todos los bienes aportados al matrimonio pertenecen a los dos cónyuges en igualdad de condiciones y se sometían a partición como si fueran bienes gananciales. Por lo tanto no se tiene en cuenta lo aportado por cada uno de los dos en el momento del casamiento. A esta tradición se le conoce como Fuero de Baylío).
Cuando el Papa Clemente V abolió la Orden del Temple, Oliva pasó a la jurisdicción real hasta que, en 1337, Alfonso XI la donó a D. Pedro Ponce de León el Viejo (por aquel entonces Oliva era una aldea y se denominaba Granja de Oliva), Señor de Marchena, y la vinculó al linaje de su Casa. Pedro Ponce, para coadyuvar al aumento de la población, donó a los vecinos y concejo, un pedazo de término para que fuese trabajado por los oliveros.
Resultaron infructuosos los intentos de que creciese la población por la inestabilidad de la zona, cercana a la frontera de Portugal, por eso Pedro Ponce de León, nieto de Ponce el Viejo, la vendió en 1402 a Gomes Suárez de Figueroa por 5378 doblas moriscas, 25 marcos de plata, 375 doblas de plata y 9 reales del mismo metal, pasando a incorporarse al Ducado de Feria.
Debe señalarse que Oliva de la Frontera y Valencia del Mombuey, aun siendo parte del Estado de Feria, desde el punto de vista geográfico, se mantuvieron siempre como enclaves aislados del resto del Señorío, no teniendo comunicación con los restantes territorios del mismo sino a través de Jerez de los Caballeros.
Como consecuencia de las guerras hispanoportuguesas del siglo XIV, en esta época el lugar se encontraba en ruinas y casi despoblado, reduciéndose su censo a cuatro vecinos. Para incentivar la llegada de pobladores, don Gomes otorgó una carta-puebla en el mismo año de la compra en la que daba un conjunto de ventajas, exenciones fiscales y créditos, de tal forma que las tierras se daban a los campesinos en usufructo. No accedían a la plena propiedad de la misma, pero se les daba la seguridad de que, mientras cumpliesen lo estipulado, mantendrían el usufructo. Además se construyó una fortaleza para defender el vecindario de los ataques procedentes del otro lado de la frontera.
La carta-puebla fue un documento vital para el futuro de la población, no sólo porque cumplió su objetivo repoblador (en el primer cuarto del siglo XVI, la población era de 1800 habitantes), sino porque se estableció un dominio total de los Suárez de Figueroa.
El 8 de enero del 1654 el poblado fue arrasado por los portugueses en el transcurso de la Guerra de Separación de Portugal del trono de España. Oliva fue saqueada por los lusos que arruinaron la iglesia, el ayuntamiento y el castillo. La destrucción debió alcanzar enormes proporciones pues el 28 de enero de 1660, una vez firmada la paz, el Gobernador del Estado de Feria D. Gómez Becerra visitó la villa para el reconocimiento de los bienes del Duque y procurar las medidas adecuadas para la recuperación de la población.
A partir de 1810 las dificultades de los oliveros fueron muy grandes, pues Extremadura fue teatro de varias operaciones militares en la Guerra de la Independencia. Hubo asentamientos de tropas francesas en Oliva en los años 1810, 1811 y 1812. Además las tropas pasaron por ella y se les suministraron abundantes víveres. El total de las deudas de los dos ejércitos se cifraba en 1.841.396 reales, hecho que produjo la ruina de un grupo cuantioso de oliveros.
A la caída del Antiguo Régimen Oliva de Jerez se constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura. Desde 1834 quedó integrado en el Partido judicial de Jerez de los Caballeros.[2] En el censo de 1842 contaba con 856 hogares y 3410 vecinos.[3]
Pronto se recuperó la localidad, sin embargo, de los daños sufridos, iniciándose una nueva etapa de expansión. Así, en 1857 presentaban 4243 moradores y el cuarto de siglo siguiente ganó un millar más, alcanzando en 1877 los 5605.
Crónicas del siglo XVIII mencionan todavía su fortaleza como existente aunque en estado muy maltrecho. Aunque en la actualidad no hay ningún vestigio de esta obra, la villa constituye un centro bien urbanizado y moderno, de casas encaladas, con amplias calles y atractivas plazas, cuyo hermoso Paseo de las Palmeras se trata, sin duda, de una de las realizaciones de su especie más conseguidas de toda la región, por su amplitud y cuidada presencia.
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