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HISTORIA DE Zarza la Mayor
Prehistoria
El pueblo de Zarza la Mayor, tal como hoy lo conocemos, tiene su origen en la época prehistórica. Por aquel tiempo, gentes procedentes del centro de Europa comenzaron a llegar a la Península Ibérica. Eran los celtas. Dicha etnia estaba constituida por diferentes tribus que, tras su llegada, se fueron instalando en distintos territorios. A la zona comprendida por las provincias de Salamanca, Ávila y el norte de la de Cáceres le correspondió albergar al clan indígena conocido como Vettones. De ello se deduce que este pueblo fue el primero en habitar el actual término zarceño.
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De aquel pretérito tiempo se conservan un sinfín de ruinas que delatan la organización social y estructura económica que caracterizó la vida diaria. Cobran importancia ante todo los restos relativos a la arquitectura funeraria. Así, podemos mencionar un amplio número de dólmenes, entre los que destaca el conocido como Pata de Buey, ubicado al norte de Zarza la Mayor. Este monumento responde a la tipología de sepulturas de falsa cúpula, abundantes en el norte de la provincia cacereña. La cronología nos sitúa en plena Edad del Hierro, allá por el I milenio a.C.
Roma
La forma de vida relativamente pacífica de los Vettones, basada en el aprovechamiento ganadero de los extensos pastizales que rodeaban a los poblados, se vio repentinamente trastornada por la llegada de los cartagineses y, poco después, de los romanos. Ambos se enfrentaron por la conquista de la tierra, viéndose implicados en la disputa los pueblos indígenas autóctonos, caso de los Vettones. Fue durante esta época cuando, debido al ambiente hostil, comenzó a hacerse presente un nuevo tipo de hábitat. Se mudó la vivienda situada en plena llanura por la situada en lugares de difícil acceso, buscando así una mejor defensa ante el enemigo. Conservamos restos de este cambio, siendo el poblado castrense de Las Moreras el más representativo.
Con el transcurso del tiempo finalizaron las guerras. Victoriosa Roma, comenzó un largo periodo de paz y bonanza, durante el cual podemos rastrear los primeros indicios factibles que darán lugar, más tarde, a la fundación de la actual Zarza la Mayor.
A partir de la segunda mitad del I milenio a.d.C., comienzan a surgir un buen número de poblados debidos al nuevo modelo urbano implantado por Roma. Son los conocidos como oppida, o villae. Los hallazgos arqueológicos dan fe de ello. Es sobre todo la aparición de lápidas y cipos funerarios con caracteres latinos, los que ofrecen interesantes datos sobre este crucial momento. Entre todas las laudes merece destacarse una, que contiene un nombre, Interamnia. Los últimos estudios científicos parecen confirmar que ésta fue la primitiva y originaria denominación de Zarza la Mayor. Se trató de una población estipendiaria, englobada en la provincia de la Lusitania, cuya importancia quedo ratificada con su inclusión en la lápida conmemorativa por la erección del [[Puente Romano de Alcántara]], situado escasamente a 30 km de la actual villa zarceña.
La fructífera etapa latina acabó bruscamente. Fueron las invasiones de pueblos bárbaros las que sumieron en sombras la época siguiente, de la cual sólo tenemos vagas referencias que inciden sobre continuas guerras que dificultaron la vida de los campesinos.
Y esta fue la tónica dominante hasta la entrada en escena de los árabes, ya en el siglo VIII de nuestra era.
Época musulmana
La etnia berebere ocupó los antiguos asentamientos romanos, recuperando la tradición ganadera como medio básico en torno al cual giraba la vida rutinaria.
Entre los árabes existieron diferencias internas que provocaron nuevos conflictos bélicos. Por este motivo la arquitectura de tipo militar va a cobrar gran importancia. En el término zarceño quedan aún ejemplos de gallardas fortalezas construidas en este tiempo y que, unas veces ocupando las crestas de la sierra y otras lamiendo el paso de la rivera, controlaban la defensa del territorio. La nómina de castillos es amplia: Racha-Rachel, Benavente, Bernardo, Hernán Centeno y Peña de Frey Domingo. Aunque todos gozaron de vital importancia, fueron los dos primeros quienes iban a dejar amplia estela de su existencia.
Poco después los clarines de la reconquista sonaban en la Península Ibérica. Las tropas de los reinos cristinos del norte pugnaban por expulsar a los seguidores de la Media Luna.
Escaramuzas de castigo fueron secundadas por las grandes campañas de conquista. Era el final del siglo XII y comienzos de la siguiente centuria. Comenzaba una nueva etapa en la historia de Zarza la Mayor
Reconquista y Edad Media
Castillo de Peñafiel.
El año 1212, aprovechando el desconcierto causado entre los musulmanes a causa de su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa, las tropas del monarca leonés Alfonso IX ocuparon definitivamente la mayor parte de la actual provincia de Cáceres.
El territorio fue distribuido entre los principales protagonistas de su conquista. Desde ese momento ellos serían los encargados de su administración y defensa.
La zona occidental de la provincia cacereña es de este modo entregada a los monjes soldados de la Orden Militar de Alcántara.
Inmediatamente comienzan a llegar colonos que construyen gran número de poblados para sustituir a las antiguas alquerías árabes. Uno de estos poblados recibe el nombre de La Zarza, un viejo caserío de pastores que, a medida que llegaban más gentes, fue creciendo en importancia. Por otra parte, la otrora antigua fortaleza musulmana de Racha-Rachel va a ser reutilizada, y con el nuevo apelativo de Peñafiel, se va a convertir en la cabeza administrativa de toda la comarca circundante. Era el año 1251. Ambos, pueblo y castillo, serán los lugares de referencia durante toda la Edad Media, si bien Peñafiel gozara de mayor prestigio gracias a que los caballeros alcantarinos le designan como cabecera de una de sus Encomiendas, titulada de Peñafiel y la Çarça. Esta importancia se ratifica en 1323, cuando los vecinos de La Çarca deciden abandonar sus hogares e instalarse junto a los recios muros de la fortaleza buscando protección.
En el año 1356 el maestre de la Orden concedió un segundo Fuero y Carta de Martiniega a los pobladores que habían emigrado, con el objetivo de que retornasen al antiguo asentamiento. Este suceso marcó el abandono paulatino de la fortaleza, que perdió definitivamente su vigencia en favor de la titulada villa de La Zarza.
Deberán pasar aún bastantes años, repletos de luchas y problemas, para que los zarceños consoliden su dominio y puedan disfrutar de hegemonía plena. Su momento estelar iba a llegar en las primeras décadas del siglo XVI.
Tiempos modernos
El mil quinientos significa un tiempo de esplendor en la historia local de La Zarza. El crecimiento demográfico se refleja en un desarrollo urbano muy interesante, dónde el modelo de pueblo cerrado entre murallas y con apenas infraestructuras, es cambiado por el de la visión de una población extensa, dónde la vida fluye por sus calles. Se construyen destacados edificios, tanto de carácter civil como religioso, tales como la iglesia parroquial y los diferentes palacios y residencias de hidalgos. Los zarceños llevan el nombre de su pueblo natal incluso allende los mares, participando en la gran empresa de la colonización americana. El esplendor cultural choca con la crudeza de la sociedad, que cristaliza su estructura antagónica de clases, dando primacía a las familias nobles, dueñas del terrazgo y de la riqueza municipal, mientras que el pueblo llano, formado por una ingente grey de campesinos, deambula a la sombra de aquellas.
La vida diaria gira en torno a la explotación agroganadera del extenso término municipal, que recibe anualmente gran número de cabezas de ganado trashumante, ávidas de llegar a los pastizales de la importante dehesa de Benavente, origen de la riqueza zarceña. Serán precisamente los trashumantes uno de los problemas clave de este siglo en el desarrollo de Zarza la Mayor, al detentar para sí la mayor parte del terrazgo, dejando a muchos zarceños sin apenas recursos para sobrevivir. Defensores acérrimos de este sistema de explotación de la tierra son los Comendadores, que tratan de mantener su status social con la pervivencia de usos feudales. Enfrente surge la oligarquía rural, compuesta por hidalgos y labradores enriquecidos, que ven como el antiguo poder medieval frena sus ansias de poder. Este será otro de los factores que caracterizaran la centuria, el choque entre poderes, uno creciente y el otro sumiéndose más en el olvido.
De esta forma, envuelta la monotonía en constantes disputas iniciadas por unos y otros, vieron los zarceños pasar el tiempo, hasta que de nuevo se presentó, para desestabilizar definitivamente aquel frágil equilibrio, la guerra de Portugal, ya en pleno siglo.
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